El vínculo no es sorprendente, pero suscita una pregunta científica crucial: ¿El maltrato provoca cambios biológicos que pueden incrementar el riesgo de sufrir estos problemas?
Durante la última década, varios investigadores de la Universidad McGill, en Montreal, liderados por Michael Meaney, han demostrado que cuidados maternos afectuosos alteran la expresión de genes en los animales, lo que les permite moderar sus respuestas fisiológicas al estrés. Estos “amortiguadores” biológicos son transmitidos más tarde a la siguiente generación: los roedores y primates no homínidos biológicamente preparados para controlar el estrés tienden a cuidar mejor a sus propias crías, según Meaney y otros investigadores

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