Al observar la barbarie que media las relaciones de nuestra malla social, un escalofrío me aturde y traigo a la memoria los años de mi infancia en Barrancabermeja, cuando la expresión máxima de violencia, era el empujón por quitarle la pelota al compinche de clase, el grito de la canica que se metía en el hueco y la correteada al bobo del pueblo¡¡¡ años viejos, años mozos revestidos de inocencia y una sana convivencia.
Hoy la realidad nos bombardea y nos desborda, cualquier imaginario no alcanza para pensar en más violencia, y el nicho de tan apocalíptico entorno se desdibuja en la absoluta intolerancia, que nace en los hogares, en el desasosiego intrafamiliar donde entre padres, hijos, hermanos, y primos, la vivencia se camufla entre rabias, golpes, negaciones, y hasta sangre sobre el más débil.
Un menor maltratado en casa, es un potencial delincuente; huye hacia las calles para buscar un mejor ambiente, encontrar salidas a su situación, en ese proceso conoce a otro menor en problemas o alguno que ya está metido en el delito y cae, y su mente se pierde en el laberinto donde el poder es igual a la opresión, y humillación que conduce hasta la muerte. Para muchos niños y jóvenes hoy, la libertad significa robo, tráfico y consumo de drogas, prostitución y venta de todo lo que se traduce en dinero: cuerpo, conciencia, temores, y hasta “el otro”, y crea dependencias afectivas y de mando con el escenario que le personifica “vida” y “poder”.
La infracción de la ley aumenta en la medida en que crecen en edad y ambiciones, del robo callejero, el raponazo, pasan asaltos a residencias, atracos a mano armada, hurto de motocicletas, carros, fleteo y delitos conexos hasta terminar en el terrorismo, secuestro y sicariato. Aunque el menor es protagonista de la transgresión, el adulto que lo insta, le motiva el maquiavelismo o le compra sus servicios, es por lo general el autor intelectual del hecho. Este juego de malos poderes les está robando la vida a nuestros niños y jóvenes.
Son los responsables de tan nefasta realidad que supera el ideario colectivo, los padres, el colegio, el Estado que no ha planteado una PolItica Pública de atención a esta población en empleo, educación, manejo del ocio, disciplina y autoridad y la sociedad.Soluciones, compromisos a su vez aunados entre los diferentes actores del contexto.

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