A pesar de que todos los días mueren 1.400 niños y niñas menores de 15 años debido a enfermedades relacionadas con el SIDA, de que todos los días más de 6.000 jóvenes de 15 a 24 años contraen el VIH, y de que 15 millones de niños y niñas han quedado huérfanos debido al SIDA, el mundo todavía piensa que el VIH/SIDA es algo que afecta principalmente a los adultos. Los niños, las niñas y los jóvenes están ausentes de la respuesta mundial sobre el SIDA.
La epidemia del VIH/SIDA ha sido una de las principales preocupaciones de la comunidad internacional durante más de dos décadas y, sin embargo, la gran mayoría de los jóvenes no saben cómo evitar el VIH/SIDA y no tienen acceso a la información, las aptitudes y los servicios necesarios para protegerse. Menos de un 10% de las mujeres embarazadas tienen acceso a servicios para evitar la posibilidad de transmitir el VIH a sus hijos e hijas. Y menos de un 10% de los niños y niñas huérfanos o vulnerables a causa del SIDA reciben servicios públicos.
Los niños y las niñas no cuentan para los encargados de elaborar políticas a nivel internacional, para los gobiernos nacionales y para los grupos públicos que responden a la pandemia del SIDA. Es preciso alertar al mundo de una realidad muy clara: que el VIH/SIDA está dejando sin infancia a decenas de millones de niños y de niñas. Ellos deben ocupar el lugar principal que les corresponde en la agenda mundial sobre el SIDA.
La pandemia del SIDA está dilapidando décadas de progresos en favor de la infancia y menoscabando los avances en el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, no sólo en amplias zonas de África, sino también cada vez más en las regiones del Caribe y de Latinoamérica.
Los gobiernos se han comprometido a abordar las repercusiones del VIH/SIDA sobre la infancia, pero han progresado muy poco en lo que se refiere al apoyo y la protección de los niños y niñas vulnerables a causa del VIH/SIDA. Millones de niños, niñas, adolescentes y jóvenes corren un grave peligro y necesitan protección. El mundo debe actuar ahora, de manera urgente y decisiva, para que la niñez ocupe un lugar prioritario en los programas de lucha contra el VIH/SIDA y para asegurar una generación libre del SIDA.

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